No era un futbolista vulgar. Ni lo eran su dialéctica ni sus prestaciones para el equipo que integraba. Actualmente no es un Entrenador vulgar y no precisamente porque haya logrado que el Barcelona esté primero en Liga. Eso es casi una anécdota.
Cuando los aficionados que vemos fútbol despegados de fanatismos nos preguntamos
¿Por qué algunos entrenadores consiguen transmitir sus ideas en unos pocos meses mientras que otros no lo consiguen nunca, aunque les dejen permanecer un par de años al frente de determinado equipo?
Para vislumbrar una respuesta a la pregunta inicial, no hace falta más que echar mano de alguna declaración del protagonista, para conseguir establecer un puente entre lo que piensa y lo que hace, para darse cuenta que el método que aplica, sea cual fuere, no es otra cosa que el ordenamiento coherente de su plan de trabajo, de su ideología primitiva. De todo lo que supo absorver en su proceso de aprendizaje pero tener buenos maestros no siempre es garantía de lograr un buen aprendizaje. Es necesario que el alumno traiga, “de fábrica” la capacidad de ordenar los conceptos para encontrarlos fácilmente y poder acudir a su consulta en aquellas situaciones en las que se requiera su aplicación.
Podemos arriegarnos a asegurar sin temor alguno, que Josep Guardiola mantiene sus conceptos localizables en todo momento.

Durante un partido a beneficio, con Carlo Ancelotti













Grácil, con panorama para proveer a la delantera y no falto de esa dureza tan necesaria para el puesto, Patrick Vieira supo ganarse un lugar en la buena consideración del mundo del fútbol, gracias a sus buenas actuaciones en el Arsenal de su compatriota Arsene Wenger. Actualmente, es un futbolista propenso a lesionarse, tiene casi 33 años y empieza a ser cada vez más dificil recordar su último gran partido.

