En esta serie de posts, nos dedicaremos a repasar el periplo de aquellos equipos que pintaban como grandes candidatos al título de campeón del mundo antes del Mundial, pero que se quedaron en un intento paupérrimo por lograrlo. Tomaremos los últimos cinco mundiales jugados, desde Italia’90 hasta Alemania ‘06. El orden no será cronológico ni por grado de importancia, y pueden haber más de un equipo de cada mundial.
Empezamos con Holanda de Italia ‘90.

Ruud Gullit en el partido por Octavos vs Alemania
¿Quienes?,
Ruud Gullit, Marco Van Basten, Frank Rijkaard, Ronald Koeman, Hans Van Breukelen, Richard Witschge, Aron Winter, Berry Van Aerle, Jan Wouters, Danny Blind, Johnny Van T’Schip, Adrie Van Tiggelen, Stanley Menzo, Erwin Koeman, Gerard Wanenburg, Willem Kieft, Graeme Rutjes, Brian Roy, Hans Gillhaus, Henk Fraeser, John Van Loen y Joop Hiele.
DT: Leo Beenhakker
Antecedentes:
Vigente campeón de viejo continente (Eurocopa disputada en Alemania, 1988). Aquel equipo contaba con una generación de futbolistas envidiada y valorada por el mundo futbolero de la década que terminaba y con un entrenador mítico, Rinus Michels, padre y creador de uno de los equipos no campeones más recordados y mejor valorados de la historia del futbol, la Holanda finalista del mundial de 1974. Para el Mundial de Italia, sería Leo Beenhakker el DT responsable de darle continuidad al éxito. No lo logró.
Llegó al Mundial invicto en la fase de clasificación europea, ganando cuatro de sus seis encuentros, en un grupo conformado por quien luego sería campeón mundial, Alemania, y por Gales y Finlandia, los dos partenaires conscientes de que no tendrían chances de clasificar a la cita mundialista.
La campaña:
Lastimosa. En la primera ronda, perpetró tres empates con un juego de horrible para abajo, en un grupo bastante accesible. Cayó eliminado por Alemania en octavos de final.
¿Como fue?
Recordemos que por aquel entonces, todavía asistían 24 equipos a la máxima competencia a nivel selecciones, estaban divididos en 6 zonas, se sumaba de dos puntos por victoria y clasificaban a la fase de octavos los dos primeros mas los mejores 4 terceros de las zonas. Gracias a esta modalidad, Holanda pudo pasar de la primera fase, como uno de las mejores terceros (Argentina, Uruguay y Colombia fueron los otros tres). El grupo F estaba formado por Inglaterra, Holanda, Eire y Egipto y tenía como sedes Palermo y Cagliari.
El segundo empate del grupo (ya habían pardado Inglaterra e Irlanda en el primer partido) se disputó en el Estadio Della Favorita de Palermo. Holanda arrancó contra el rival más debil, Egipto. En un partido verdaderamente soporífero, el favorito tardó casi una hora en ponerse en ventaja por medio de Kieft. El tanteador se niveló faltando 7 minutos para cumplir con los 90′, mediante un penal ejecutado por el flamante heroe egipcio, Abed El Ghani.
Es cierto que en cuanto a nombres, no había punto de comparación alguna entre ambos equipos, pero a la hora de juzgar el rendimiento colectivo las cosas se emparejaron mucho, parecía que ambos conjuntos habían olvidado las diferencias de nivel y se habían puesto en sintonía para jugar rematadamente mal.
El 16 de junio, chocaban los candidatos, Inglaterra y Holanda. Más de lo mismo. El respeto mutuo premió por sobre la calidad de los peloteros que entraron al verde cesped del Sant Elia en Cagliari. Del lado de los pross, Gascoigne, Waddle, Lineker y Platt no eran, precisamente, unos picapedreros y si a eso sumamos los nombres de Koeman, Rijkaard, Gullit y Van Basten… cuesta creer las pocas ideas ofensivas que se les cayeron a ambos conjuntos. Un cero a cero de manual.
Van Basten
Para la última jornada del grupo, llegaban los cuatro equipos con posibilidades de pasar a octavos. Holanda empezó ganándole a Eire, con un gol de Ruud Gullit a los 10 minutos de partido. Sabedores de que con ese resultado clasificaban sin importar lo que sucediera en el encuentro que se jugaba al mismo tiempo en Cagliari entre ingleses y egipcios, los oranjes se dedicaron a manejar el ritmo, dosificando el esfuerzo de sus, hasta entonces, apagadas estrellas. A los 64′ Inglaterra movió el score, cortesía de su defensor Wright, y con ese resultado, Eire se vería seguramente, apeado del camino. Los irish duplicaron energías y con poquito, apretaron contra el arco de Van Breukelen a unos anodinos tulipanes. En el minuto 26 del segundo tiempo, el gol de Quinn provocaba el empate a uno y dejaba a sus vecinos ingleses líderes de grupo. Lo curioso es que, si se hubiera producido un sólo gol de Egipto, los cuatro equipos hubiesen quedado empatados en todo (puntos, goles, victorias…), viéndose obligada la organización, a efectuar un sorteo para definir las ubicaciones finales.
La situación no se dió, y con el silbato final de los dos juegos, el grupo F, tenía a Inglaterra primera, Eire en segundo término y Holanda en tercera plaza, todos poseedores del derecho de jugar un cuarto partido en el campeonato.
En el reparto de rivales para la siguiente ronda, a Holanda le tocó bailar con la más fea, ya que Alemania sería la encargada de medir sus chances reales para lograr algo importante.
El partido fue arbitrado por el argentino Juan Carlos Loustau, se jugó en el Giuseppe Meazza de Milán y arrancó como todos lo esperaban, intenso, con buen juego (¡por fin!) de los holandeses y con la clásica predisposición teutona: seriedad,efectividad…y pundonor. A pesar del empate sin goles, el primer tiempo no fue malo, todo lo contrario.
El detonante para descifrar un trámite con olor a final, se dio en el minuto 22 y tuvo como protagonistas a quienes unos cuantos años más tarde tendrían algo que decir como seleccionadores de sus países. Hablamos de Rudi Vöeller y de Frank Rijkaard.
La secuencia se dió después de que el portero holandés Van Breukelen controla un centro frontal lanzado desde la izquierda del ataque alemán en su área chica. El enrulado artillero germano llega muy exigido pero con la sana intención de jugar. El golero embolsa la pelota, volando hacia adelante y parece que Vöeller se excede en su esfuerzo por contactar la bola y le pega una patada al holandés. Hay un amago de reprimenda hacia Rudi por parte del propio Van Breukelen y de Rijkaard, en tanto el arbitro Loustau decide expulsar a Vöeller con roja directa. Cuando todo parece calmarse, el bueno de Frankie no tiene mejor idea que escupirle la nuca al alemán, como corolario: tarjeta roja también para el holandés y ambos combinados se quedan diez contra diez. De ahí en más, se suceden veinte minutos de idas y vueltas con algunas buenas ocasiones para ambos equipos.
El segundo tiempo arranca con un mayor dominio de Alemania, que sabe golpear primero. Con apenas seis minutos trancurridos desde la reanudación, desborde por izquierda de Guido Büchwald (!), centro atras y ese animal de área que supo ser Jürgen Klinsmann se anticipa a Jan Wouters para batir la resistencia de Van Breukelen y poner el 1-0. A partir del gol, fue un quiero y no puedo de Holanda, que chocaba una y otra vez contra la ferrea disciplina germana en defensa. Ni siquiera Van Basten, en su última penúltima aparición en un torneo importante
con la casaca de su país, parecía encontrar la llave para abrir una zaga que no estaba desprovista de talento. Así lo demostró, Andreas Brehme, quien sería el encargado de poner tierra de por medio a falta de ocho minutos para terminar el tiempo reglamentario. Golazo del lateral, quien, recostado sobre el ángulo derecho del area grande, coloca un tiro al segundo palo sellando el pasaporte holandés de vuelta a casa definitivamente. De nada sirvió el penal que convirtió Ronald Koeman a los 89′.
El fracaso estaba consumado. Una selección poderosa, que llegaba con pergaminos de candidata, acaba despachada antes de lo esperado, mostrando casi nada de lo mucho que se le suponía capaz y dejando un mal sabor de boca por todo lo que pudo haber sido y no supo ser.












Noviembre 15th, 2008 at 1:44 am
tenes unos excelentes post aunque deberias de tratar de escribir un poco mas seguido pero igual son muy buenos !
Diciembre 5th, 2008 at 6:22 pm
En realidad el último torneo importante jugado por Van Basten con la oranje no fue Italia ‘90 sino la Euro ‘92 en Suecia, donde, entre otras cosas, se hizo atajar un penal por Peter Schmeichel en la definición con Dinamarca, en semifinales. Holanda perdía así la posibilidad de revalidar su triunfo del ‘88 y los daneses se encaminaban a su inesperada victoria final.
Diciembre 7th, 2008 at 10:24 am
Gracias por la corrección, Claudius. Está subsanado el error.